23. Del Mar a la Tierra

En el acantilado costero las condiciones son duras, pero pese a ello, para la fauna y flora marina es uno de los enclaves más ventajosos. Gracias al oleaje las aguas están más oxigenadas que en mar abierto; por su escasa profundidad, la iluminación solar alcanza bien los fondos, que además suelen ser rocosos, y por tanto brindan una estupenda superficie de sustentación, anclaje y escondite para las plantas y animales, a diferencia de un fondo arenoso o fangoso. Los nutrientes no escasean, gracias a la agitación de las aguas, que remueven los sedimentos del fondo y hacen ascender aguas más profundas. Abunda el plancton, los desoves, las larvas y alevines, los invertebrados y las algas.

En los acantilados encontramos una zonificación vertical dependiente de los niveles de las mareas. La distribución de los seres vivos viene determinada por la competencia entre ellos por el espacio. De abajo arriba se distinguen tres zonas principales: una inferior siempre sumergida, la intermedia o intermareal y la superior, que nunca llega a ser cubierta por el mar. La zona infralitoral está permanentemente sumergida. Aquí arraigan las algas rojas, cuya frondosidad representa un bosque submarino rico en crustáceos, moluscos, equinodermos y peces “de roca”. En los bancales arenosos sumergidos de Arnao se entierra el erizo de mar Echinocardium cordatum, el gusano poliqueto Nephtys cirrosa y moluscos bivalvos, como las coquinas Donax vittatus y Tellina fabula. La zona intermareal es la que queda comprendida entre las mayores bajamares y las mayores pleamares que se alcanzan en el año. Abundan aquí las estrellas marinas (Astropecten irregularis), los erizos (Paracentrotus lividus), y las liebres de mar (Aplysia punctata). También están presentes crustáceos como la pequeña gamba Athanas nitescens, y diversas algas como la lechuga de mar (Ulva rigida). Bajo las piedras se refugian especies menos fáciles de ver, como pulpos (Octopus vulgaris), orejas de mar (Haliotis tuberculata), ascidias, etc. Muchas de estas especies también están presentes en el infralitoral. En la base del acantilado las bajamares dejan unas pozas permanentes donde habitan anémonas (Anemona sulcata), cangrejos ermitaños (Clibanarius erythropus) y quisquillas (Palaemon serratus). Algunos alevines de peces quedan en esas pozas acompañados de especies como el gobio negro (Gobius niger). Entre las algas, también presentes en zonas inferiores, destaca la rodofícea Lithophyllum incrustans, una especie incrustante que forma compactas costras calcáreas sobre las rocas. Cuando está húmeda tiene un color rojizo vinoso, que pasa a blanco grisáceo al secarse al sol. Otras rodofíceas con aspecto ramificado y erguido gracias a un disco de fijación y un talo muy impregnado de carbonato cálcico son las del género Corallina. La zona supralitoral nunca queda sumergida, pero sí salpicada o rociada con espuma marina. Aún no existen plantas vasculares terrestres, pero sí líquenes del los géneros Verrucaria (negros o marrones oscuros) y Xanthoria (amarillos). Abundan los bígaros y cangrejos “sapas” que se refugian en grietas que conservan la humedad. Más arriba las aguas marinas no llegan ya de forma directa, sino nebulizadas a modo de aerosol. En la región supralitoral desaparecen los animales marinos: ya es dominio de la fauna y vegetación terrestres. Las plantas suelen ser especies tolerantes a la salinidad y al viento, y entre los animales son los insectos y otros artrópodos los que más permanecen en estos lugares.

Con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica

fb.png