9. Una Antigua Llanura Mareal

Retrocedamos unos 520 millones de años. Nos encontramos en el periodo Cámbrico Inferior, lejana época en la que aún no existía el río Eo. Los territorios que hoy rodean a la ría de Ribadeo constituían un fondo marino somero junto a la costa en la zona templada del planeta. La distribución y posición de los continentes era muy diferente a la actual. La península Ibérica se encontraba entonces en el hemisferio sur, donde hoy se encuentran países como Nueva Zelanda o el centro y sur de Argentina, Chile o Sudáfrica. El clima y las aguas eran más cálidas que en la actualidad.

El plancton y los primitivos organismos que pululaban en aquellas aguas poco profundas incorporaban carbonato cálcico a sus tejidos de sostén, caparazones y esqueletos, como los actuales moluscos, crustáceos o corales, y su acumulación durante esos millones de años fue formando las rocas calizas, resultando una formación litológica de esa naturaleza conocida como “Calizas de Vegadeo”. Las enormes presiones que actuarían sobre ellas millones de años después produjeron transformaciones en las propiedades de aquellas rocas (metamorfismo), de forma que hoy se presentan, además de cómo calizas, también en forma de dolomías y mármoles. El espesor de esta antigua formación es aquí de unos 100 metros. Recibe tal nombre por aflorar hoy día en algunas zonas de dicho concejo asturiano, aunque en la ría de Ribadeo sólo lo hace en una estrecha franja que cruza las ensenadas de La Linera y Las Acias y se continúa hacia la playa de Penarronda. Es una piedra muy usada como piedra noble de construcción para enmarcar puertas y ventanas, peldaños, pilas bautismales, columnas, fregaderos, etc. Cerca de los afloramientos y canteras de caliza, en el pasado se construyeron hornos de cal (“caleiros”), ubicados junto a la ría para facilitar la carga de la cal producida en embarcaciones. En dichos hornos, las piedras de caliza se calentaban hasta que su carbonato cálcico (CaCO3) se descomponía en anhídrido carbónico (CO2, que pasa al aire) y óxido de calcio o cal viva (CaO). Una vez fría, esta última se mojaba con agua para formar la cal muerta o apagada (hidróxido de calcio, Ca(OH)2), tras una fuerte reacción química con gran desprendimiento de calor y desmenuzamiento de la piedra de cal viva original. El polvo blanquecino de la cal apagada se empleaba para fabricar morteros (“de cal”) en la construcción y como recubrimiento de paredes. También tiene diversas aplicaciones en la industria química.

Con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica

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