La Importancia de los Ecosistemas Dunares

En la actualidad los ecosistemas dunares son uno de los espacios naturales más degradados por la presión del ser humano. Las causas que han llevado a esta situación se deben básicamente a una urbanización excesiva en primera línea de costa, a la construcción de infraestructuras para satisfacer el aumento desmesurado (en muchas ocasiones temporal) de la población en la franja litoral y a la presión ejercida por los usuarios/as de las playas, y directa o indirectamente en su entorno marino y terrestre.

No parece lógico que degrademos el medio natural en el cual vivimos y del cual dependemos ya que, poco a poco, se deteriora nuestra calidad de vida y consecuentemente la de nuestro propio entorno.

Para evitar la degradación irrecuperable del patrimonio natural la administración pública ha creado diversas figuras de protección (Zonas ZEPA, Zonas LIC, Parques Nacionales, Parques Naturales, Red Natura, etc.) que garanticen la buena conservación de aquellos hábitats naturales representativos y bien conservados de nuestro territorio ¡Y que podrían desaparecer con el ritmo de degradación actual!

La presión humana ha sido tan fuerte que se han tenido que tomar estas medidas para evitar llegar a perder lo poco que aún nos queda. Ello lleva en muchas ocasiones a tomar decisiones muy estrictas y difíciles de entender, pero desgraciadamente es muy común que en estos espacios protegidos tampoco se respeten los usos compatibles o permitidos que garanticen su preservación.

La realidad es que tan sólo unas pocas generaciones del siglo XX han bastado para degradar una buena parte del legado que nos han dejado y del que han disfrutado nuestros antecesores. Cabe entonces la pregunta: ¿qué le vamos a dejar a nuestros hijos o nietos?

Parece un contrasentido que nuestro grado de conocimiento y evolución social aún no nos permita tener una conciencia global de respeto y protección hacia los ecosistemas naturales de gran valor ambiental y paisajístico, como es el caso de los complejos dunares.

Es probable que el gran desconocimiento sobre estos espacios haya llevado a situaciones inverosímiles en las que se está perdiendo uno de los principales atractivos naturales, medioambientales y turísticos de muchos municipios.

Los ecosistemas dunares son espacios de interacción entre el mar y la tierra, en los que el depósito de sedimentos por el mar y la acción del viento, que transporta esta arena hacia zonas interiores, permite la aparición de plantas muy especializadas y adaptadas a vivir en un espacio muy hostil (con fuerte radiación solar, viento, elevada salinidad, escasez de agua o movilidad del sustrato).

Desde el mar hacia el interior se crea una zonificación formada por cordones de vegetación en los cuales van variando la presencia y abundancia de determinadas especies de flora; todo ello a medida que cambia la salinidad, fuerza del viento, movilidad de la arena, etc.

Algunas plantas que podemos encontrar en nuestro litoral son endémicas, es decir exclusivas de territorios muy concretos en todo el planeta, eso de por sí ya tiene un gran valor.

Por otra parte, la variedad de especies de duna autóctona y su abundancia, genera también biodiversidad y por tanto un nuevo valor para este espacio.

Pero, además, también hay variedad de fauna condicionada por la presencia de los vegetales; las plantas junto con otros elementos crean los ambientes adecuados para su supervivencia, al aportar refugio y alimento.

Así, por ejemplo, el Chorlitejo Patinegro es una especie que sólo cría en las dunas, directamente sobre la arena, ¡las dunas son por decirlo así su casa! La destrucción de las dunas, el pisoteo de la gente o la presencia de perros sueltos durante su época de cría son graves amenazas para su conservación. ¡Tan difícil es ayudar a proteger la vida salvaje!

Y qué decir de las algas, no son suciedad, son parte de un ecosistema litoral y tienen su función al aportar alimento y nutrientes para la flora y fauna características del medio litoral. ¡Además son beneficiosas para nuestra piel!

En ocasiones en el medio de las algas aparece mucha basura pero reflexionemos: ¿de dónde viene?... de la irracional actividad humana.

Ya, por último, indicar que las dunas son la reserva de arena de nuestras playas y por tanto las que ayudan a preservar los arenales frente a la acción de los temporales. En aquellos lugares en los que se ha eliminado la duna, por paseos marítimos, urbanizaciones, etc., se comprueba que la calidad de la playa se ve alterada negativamente tendiendo, en muchos casos, a disminuir con el tiempo la superficie de arena seca; es decir, se pierde superficie de playa.

Como usuarios o gestores de estos espacios tengamos la visión, el compromiso y capacidad de hacer lo que esté en nuestras manos para compatibilizar el turismo, el ocio, el deporte, la tradición y la cultura con la preservación de los valores de nuestras playas y de sus ecosistemas dunares asociados.

Autor: Francisco Javier García Quinteiro - Biólogo Colegiado 17.124-X

Con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica

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